Del Paleolítico a la Edad del Bronce en el entorno de Lámbrica

03.12.2016 12:20

 

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La citania de Lámbrica, conocida en las publicaciones como Castro de San Cibrao (o Cibrán) de Lás, constituye el centro, la capital o el referente de un territorio explotado desde la Antigüedad. Esa explotación, basada en los recursos mineros del entorno (estaño, hierro y oro) no se produce en las inmediaciones del castro sino que  pueden detectarse evidencias en un radio de entre 6 y 8 kilómetros, ocupando parte del territorio de las actuales comarcas de O Carballiño, O Ribeiro y Ourense, en la provincia de este mismo nombre. 

Galicia, aunque lejana, no quedaba ausente de los antiguos circuitos comerciales de los pueblos mediterráneos, aportando, bien a través del Océano o, incluso, a través de la Meseta, productos estratégicos como el estaño -imprescindible para fabricar el bronce- o el oro.

 

La citania actual es fruto de una planificación y reconstrucción de finales de la Edad del Hierro, muy cercana a la romanización e, incluso, una vez producida ésta. Pero es indudable que en el actual solar del castro hubo presencia del hombre en épocas más primigenias. A pocos metros de la muralla occidental se han encontrado restos del Paleolítico Medio. ROSA VILLAR QUINTEIRO sostiene que la industria lítica de A Chaira está realizada  "sobre cuarcitas en forma de nódulos de canto rodado, cuya procedencia más próxima sería el río Miño" (...) y que "presenta un mínimo aspecto de  desgaste por rodamiento, pues como mucho la distancia máxima que han podido recorrer es la que media dede la cima, donde se emplaza el castro, a su  localización actual y que aproximadamente es de unos 200 m. (...)." Segundo ROSA VILLAR, "la composición tipológica nos señala una industria  dominada por el utillaje sobre lasca en el que los denticulados dominan sobre las raederas pero sobre ambos, aparece el utillaje propio del Paleolítico  Superior con una frecuencia mayor, en el que se encuentran raspadores, toscos buriles, claros perforadores, además de piezas con retoque abrupto y  escasos cuchillos de dorso, siempre atípicos". En total, "se han contabilizado 475 efectivos, sin tener en cuenta diversos cantos rodados y fragmentos de  estos, algunos de los cuales pudieron haber desempeñado una función de percutor en la cadena operativa, a juzgar por las zonas de alteración que  presentan."

Los restos del Paleolítico en los alrededores son bastante frecuentes, aunque poco valorados.  Destacan hallazgos en los Chaos de Amoeiro, en las  terrazas del río Arenteiro en Seoane (O Carballiño) o los de Toén (Ourense).

 

En la parte sur de la actual citania de Lámbrica, también fuera de sus murallas, pero a pocas decenas de metros, encontramos una mámoa, montículo  que contuvo un pequeño dolmen, cista o cámara funeraria, construcciones típicas de la Edad del Bronce. En concreto, estamos ante una mámoa de  pequeno tamaño, erigida por gentes que habitaron estas tierras algunos milenios antes de que los poboadores de las Edades del Hierro y los posteriores romanizadores se afanaran en fortificar una citania. Otras construcciones de este tipo, mámoas, medorras, medelas… han sido encontradas por toda la comarca. Muchas sucumbieron ante la fiereza de las obras de maquinaria pesada, las violaciones de los buscadores de tesoros y el olvido generalizado de la población que, aún así, mantuvo en la memoria colectiva leyendas de mouras que tratan de inmortalizar estos mágicos lugares, ya sin sentido para las "avanzadas" civilizaciones del siglo XXI. A veces, más que leyendas, son breves descripciones de actividades que se reaizaban en ese lugar, como la del monte de A Ermida, en Eiras, donde  la tradición oral afirma que “alí se enterraban os mouros”. Esta mámoa de A Ermida de Eiras está muy cerca de una roca granítica con petroglifos circulares.

 

En el mes de octubre de 2014 se encontró casualmente, descontextualizada, en la superficie del terreno, entre las parroquias de Eiras y Vilarderrei (ayuntamientos de San Amaro y Cenlle, respectivamente), una pieza en canto rodado de río, de buen tamaño. 

Su factura es similar a otras del Paleolítico o del Epipaleolítico. En el lugar del hallazgo no existen cantos rodados, por lo que debemos suponer que ha sido traída del río Miño, a unos tres kilómetros de distancia en línea recta. El monte de Lámbrica, actual castro de San Cibrao de Las, es visible desde el lugar del hallazgo, situado a menos de 3 km. Finalmente, hay 1,3 kilómetros al lugar de los petroglifos de A Ermida. Las coordenadas del lugar del hallazgo son las seguintes: 42°21'16.18"N; 8° 3'46.42"O. 

Maximino Álvarez, alcalde de O Carballiño a principios del siglo XX, depositó en el Museo Provincial de Ourense un hacha de bronce de las denominadas “de talón y anillas”, procedente de la parroquia de Vilar de Rei (Cenlle). Es una pieza típica de la Edad del Bronce y parece ser que formaba parte de un depósito con otras piezas similares. 

La aparición de este tipo de útiles nos sugiere la existencia de un poblamiento continuado en los alrededores de Lámbrica desde el Paleolítico, siendo a fortificación castreña de Las un simple episodio en el tiempo. Es decir, que no podríamos entender la citania de San Cibrao de Las (Lámbrica, segun el epígrafe del ara de Eiras) sin una previa existencia de una zona poblada suficientemente y rica en recursos, bien sean agropecuarios y mineros que permitieran una acumulación de riquezas y una diferenciación social que obligaría a certos grupos a fortificarse, bien por sentirse amenazados dentro del propio territorio, bien por peligros externos que aparecerían en momentos puntuales, ya en la Edad del Hierro y, también, durante la romanización.
 

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 Anverso y parte lateral izquierda

Canto rodado encontrado, fuera de contexto arqueológico, en el interior de una pared en un molino hidráulico abandonado en A Fareixa, entre los ayuntamientos de San Amaro y Cenlle (Ourense), muy cerca de una maltratada catarata y a menos de 1000 metros de los petroglifos de A Ermida. El lugar del hallazgo está a 3,5 kilómetros de Lámbrica.

Por el anverso parece tener modificaciones antrópicas para dar la sensación de rostro humano, con ojos y boca. En el reverso tiene transversalmente, más o menos en su parte central, señales de haber sido utilizada como alisador o pulidor de algún instrumento metálico.

Estamos ante un artefacto o instrumento que se podría encuadrar cronológicamente entre el Neolítico y la Edad del Bronce, con finalidades prácticas pero también con carácter apotropaico o de protección. Esta última finalidad pudo también estar presente entre los constructores de la pared del molino, probablemente en la Edad Media, depositándolo cuidadosamente en el interior del muro.

 

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